lunes, 28 de junio de 2010

Un alto para el Camino... de Santi

Se da por terminada (por el momento) esta parte del blog dedicada a grandes (o no) autores anónimos.

Durante el mes de julio iré colgando escritos, crónicas, correos electrónicos... es decir, todo lo que ha ido llegando a mis manos relacionado con las experiencias vividas por los peregrinos que hicimos el Camino de Santiago con la SER entre el 21 y el 30 de mayo pasados.

Espero que, aquellos que fueron compañeros, los disfrutéis y participéis, para que podamos conocer aquellos aspectos que se nos escaparon en ruta.

Y los que no fuisteis, os jodéis, pues fue un lujo.

jueves, 24 de junio de 2010

Esos ojos negros... (Rafa Valbuena)

Incandescente negrura, pequeña, incluida en sí misma,
navegando en el tibio pardo de lo ovular,
recatado por la nada blanca de textura arañada.
Fuego líquido hecho lágrima.
Sangre rasgante del vacío.
Chocolate.

Esa juventud… (Santi Bastos). Retocado

Una onza. Un mechero. Una llama. Una azul llama. Una azul anaranjada llama. Menudencias. Un papel. Un fino papel. Un blanco y fino papel. Hojarasca. Bicolor hojarasca en el blanco y fino papel. Menudencias entre la hojarasca. El papel enrollado. Un extremo cerrado. Una llama. La azul anaranjada llama. El extremo libre arde. Una inspiración. El extremo libre brilla. Una exhalación. Una fina cortina de humo huye. Un proceso mecánico. Monótono. Repetitivo. Dos. Tres. Cuatro. Cinco. Seis veces. Ojos vidriosos. Cara risueña. Sonrisa perdida. Injustificada. Sonrisa al fin y al cabo. Un tanto picaresca. Un temblor de tierra. O eso parece. Luces y sombras. Lejanas palabras. Sonidos huecos. Sensación de bienestar. De supremacía. De omnipotencia. El Mundo a los pies.

Tres horas. Tambaleo. Parloteo incesante. Ininteligible. Balbuceante. Mareo. Semi-inconsciencia. Un atisbo de vómito. Vómito. Inconsciencia. Golpe. Oscuridad. Silencio.

Mañana es domingo.

Una decisión (Beatriz Teva)

Un veloz coche rojo cruza la ciudad a toda pastilla. En su interior, lágrimas rojas de impotente rabia afloran de niñas vidriosas que resaltan en un rostro conformado por esa madurez infantil que reflejan las gentes que sufren demasiado cuando alcanzan atisbos de felicidad.
Acelerón tras acelerón van quedando atrás recuerdos turbulentos que alternan con escasas situaciones placenteras. Apenas una década de vivencias borrada a más de ciento ochenta.
Un pueblo, otro, una ciudad. Carretera...
Día y Luna. Noche y Sol. Agua intercambiable por el entorno.
Recuerdos, recuerdos, vivencias, mis hijas...
Mi casa, mis padres, amigos, mi vida...
Pastel que nunca debió cortar. Rutina y miedo...
Horas, semanas, años de angustia...
Valor desperado, teñido de rojo, producto de golpes.
Horas, semanas, años de angustia...
Recuerdos, recuerdos, vivencias, mis hijas...
Teñido de rojo... un veloz coche rojo... lágrimas rojas...
Aprieta los frenos hasta dolerle los tobillos.
Aspira, suspira, acelera.
Paz en caída. Agua intercambiable por el entorno.
Acantilados, Mar, Eternidad...
Mis hijas y yo. Mis hijas...
Yo.

Título apropiado (Javier Márquez). Retocado

Sube y sube. Roza. Gime. Ríe. Respira hondo. Se eleva hacia un punto desconocido. Y en un momento todo se olvida. Se pierde la noción de espacio. De tiempo. De vida. El aire se hace denso. Pesa. Se corta la respiración. Los ojos giran en redondo. Todo da vueltas. El equilibrio atemorizado se refugia en el punto más recóndito del oído. Incluso llegas a gritar.

No es de extrañar que algunos prefieran el fútbol.

Ausencia (Cristina Rueda)

No está

Lo castaño se ha vuelto oscuridad. Vacuidad. Nulidad.
Lo azul, vidrio. Una transparencia donde apenas la luz consigue ver un espejismo de silueta. Una silueta delgada, fláccida. Una silueta donde resaltan el castaño del cabello y el azul de los ojos. Un castaño vuelto vidrio. Un azul vuelto vacuidad.

No está.

Elegía en el salón de belleza (Cristina Rueda)

Baila. Sin duda alguna está bailando.
Se eleva. Cae. Revolotea.
Baila.
Suavemente. A merced de una brisa imperceptible, producida, tal vez, por una compulsión de puro nervio.
Baila.
Rompiendo la monotonía. Potenciando la arritmia. Propugnando el desorden, la libertad.

La libertad...

Las tijeras hacen efecto. Cae. Moribundo. Al respaldo. Al suelo.
Y finiquita en un triste vertedero.
Y deja de bailar.
De ser libre.

De ser.