lunes, 5 de julio de 2010

Camino... Buen Camino (Gladys Rostan)

Todo cobra una dimensión diferente. El tiempo se ralentiza, lo grande se hace pequeño y lo pequeño se hace grande. Lo imposible se hace posible. El descanso o el caminar, las subidas o las bajadas pueden ser agradables y tremendas a la vez.
Todo lo que se ve, se oye, se siente, impacta de tal manera que la mente no tiene casi tiempo para pensar, se necesitan todos los sentidos para asimilar lo que se vive.
Lo simple es lo importante.

Cada noche te acuestas pensando que al otro día no podrás continuar, pero cada mañana la fuerza aparece para seguir avanzando. Siempre encuentras fuerza para continuar, y cuando crees que ya no la tienes, surge una mano que te la trasmite.
Avanzas, y cuando miras hacia atrás, ya no recuerdas el esfuerzo, solo puedes dar las gracias por haber caminado por tanta belleza. No sientes la necesidad de nada más que de caminar, no hay necesidades materiales, no quieres nada más que seguir caminando.

Las señales son la guía, pero aun así puedes perderte. Y siempre que te pierdes, logras encontrar la alternativa que te vuelve a colocar en el camino correcto.
Te lo puedes permitir todo: la risa, el llanto, la rabia, la tristeza, la alegría, el amor, la desconfianza, el dolor, la ternura, el miedo. También la picardía y las bromas, el descanso y el esfuerzo, dar y recibir.
Todas las emociones posibles van apareciendo y desapareciendo a lo largo del camino.
Los estereotipos se rompen. El duro se hace blando, el blando aprende a endurecerse. El camino nos enfrenta a diferentes retos para que aprendamos que todos somos iguales y que son las circunstancias y nuestras percepciones lo que nos hace parecer diferentes.
El camino es una breve etapa del camino de la vida, pero en resumen es el ejemplo de como vivir el camino de nuestra vida. El paralelismo está presente en todo momento.

Según como te sientas, así lo percibirás.

Se vive el momento presente. Se disfruta caminando, siendo feliz por ello y no necesitando nada más. Es un camino individual, donde cada uno lleva su propio ritmo. Si buscas adaptarte al ritmo de los demás, si procuras ir a un ritmo que no es el tuyo, sufrirás las consecuencias, tanto si vas más rápido o más lento. Cuando experimentas esa descoordinación de ritmos te das cuenta que debes aceptar el ritmo de los demás y, sobre todo, aceptar el tuyo. Caminar aceptando tus límites. Si el cansancio te obliga a caminar menos, lo aceptas, si debes bajar tu ritmo también, así como en otros momentos la fuerza y el vigor te impulsan a ir de “carrerilla”. No hay frustración. Acabarás llegando, a tu ritmo, a tu manera. Todo a su momento.

En ese caminar constante te encuentras a personas con las que convives más o menos tiempo. Cada uno te aporta algo, incluso con algunos coincides en diferentes ocasiones y puedes percibir una conexión. Pero mas tarde o mas temprano te separas, y disfrutas aun así muchísimo que esa persona haya aparecido en tu vida.

“Buen camino”, frase que te resuena cada vez que te encuentras con alguien. Que incorporas a tu saludo. Simple, pero que te inunda de fuerza. Solo al oírla o pronunciarla se provoca una chispa de energía que te conecta con los demás.
En el camino no suele haber juicios. Y cuando los hay, te das cuenta, luego, que ello es una tontería. Te escuchan, hablan, se interesan y te aceptan como eres, dando la oportunidad de mostrarte sin corazas. Te permites mostrar tus “demonios”, también tus “zonas blancas”. Nadie te pregunta quien eres, sino como te sientes. Te da igual tu aspecto, el cómo te vean los demás. Lo importante es tu “esencia” no tu aspecto. Hasta uno mismo puede sorprenderse una mañana al mirarse al espejo, y casi no reconocerse. Luego sonríes, porque sabes que “tú eres tú”.

Se comparte todo. No existe la propiedad, esto es tuyo o esto es mío, lo importante es quien lo necesita. Aprendes a recibir y a dar. Como en la vida, aprender a recibir siempre es lo más difícil. Y también debes aprender a pedir, lo que es más difícil aun.

Te das cuenta de qué cosas son importantes y cuales no lo son, y que además están siendo un peso sobre tu espalda. Esa mochila que te acompaña a cada paso te recuerda qué peso es innecesario. Aprendes a ver qué cosas no son tan necesarias como tu crees.

Caminas por un objetivo: llegar a Santiago. Cuando lo logras la emoción te derrumba, pero de felicidad, el gozo te explota del pecho, lloras, entras en un estado de emoción que te aturde, estás como en las nubes. Pero unas horas después, en la calma te das cuenta que el objetivo no es llegar, sino caminar.

Y cuando regresas, te das cuenta que algo ha cambiado, tu no eres la misma persona que marchó. Anhelas el camino, esas emociones vividas, ese vivir solo el momento, cada paso…, y debes aprender a reincorporarte con “ese cambio” que el camino generó en ti. Comienza quizás el camino más difícil y también el mas maravilloso, reintegrarte con esa mar de emociones, con ese mar de experiencias al "camino de tu vida”.

Y si todo lo dicho hasta aquí, no ha sido así, es igual, porque lo mas maravilloso es habernos permitido vivir el camino que cada uno quiso vivir, como dice la canción, “a mi manera…”.

Gladys

Barcelona, escrito el 2 de junio.

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