Buenas a todos compañeros,
llevo varios días con la intención de escribiros, pero no se muy bien ni como empezar, ni que deciros, ni nada.
Estas atípicas vacaciones comenzaron para mi el 11 de Mayo, que fue cuando me decidí a poner el código que me enviaron en la web de la Cadena SER. En un principio lo hice todo con mucha inconsciencia, creyendo que era una utopía el que me eligieran, que los sueños… sueños eran, y que con “la suerte” que yo tenía en la vida jamás me tocaría algo de esto.
Un viernes, recibo una llamada a mi teléfono. Es un tal David, que dice ser de la Cadena SER y que me dice que estoy entre los preseleccionados para asistir al Camino de Santiago con ellos. ¡No me lo podía creer! Me pregunta si tengo disponibilidad, si fumo y si hago deporte. Yo dije que estaba disponible (sin preguntar a mis jefes), que sí hago deporte (cosa que no es verdad…) y que no fumo… en eso si dije la verdad. Le pregunté que cuando me llamarían de nuevo y me contestó que el lunes o el martes.
El fin de semana se me hizo eterno. Se lo conté a todo el mundo. Tenía muchísimas ilusiones puestas en esta experiencia. Además eran las fiestas de mi pueblo, así que el rebujito y el tinto de verano me hicieron más llevadera la espera.
El lunes, sobre las siete de la tarde, me llama David. Me confirma que estoy entre los seleccionados y que tenía que estar el viernes a la once de la mañana en la plaza de toros de las Ventas, en Madrid. También me comenta que ellos nos dan una mochila, una esterilla, un saco de dormir, tres camisetas, una sudadera, un chubasquero… en fin, que nos llevemos solamente lo imprescindible.
¿Y ahora qué?, dije yo. Llamé a mi padre (también mi jefe) y le comento que me voy al camino de santiago, con la SER y que me tiene que dar vacaciones.
“Tu estás chalao”, me contestó él. Luego entró en razón y me dijo que sí, sabiendo que era una experiencia única e irrepetible y que me venía en un buen momento para desconectar de la rutina.
Quedaban cuatro días para marcharme y aun no tenía nada. Así que me llegué al Decathlon y allí me compré la indumentaria que me faltaba para el viaje. También ese mismo día reservé el AVE Málaga-Madrid.
5 y 20 de la mañana y suena el despertador… no habia descansado apenas de los nervios. La aventura estaba cada vez mas cerca. Me visto, cojo la mochila y me voy con mis padres a Málaga, a coger el AVE. A las 10:10 llego a Madrid. Estoy en Puerta de Atocha, aún tengo que coger el metro para ir a Las Ventas.
Son las 10 y 30 y llego a Las Ventas. Allí veo un grupo de unas diez personas que tenían toda la pinta de ser peregrinos. Me presento a los que allí estaban y empiezo la charla: ¿Cómo te llamas?, ¿De dónde eres? ¿Francés o Primitivo?... Enseguida conecto con dos personas, Chisco y Virginia, Cordobés y Gran Canaria. Luego van llegando más y más personas y ya ibamos observando quiénes eran “los gabachos”, con los que compartiría esta maravillosa experiencia.
Cogemos el autobús y nos sentamos en la parte de atrás. Yo estoy en la última fila del todo. Delante de mí, a la izquierda Virginia y a mi derecha Chisco, más adelante, Mireia, Jose, Ángel… y más adelante un chaval, que, según ibamos haciendo las paradas, se iba viniendo más atrás. Luego supimos que era Alberto, el benjamin del grupo, y mi fiel compañero de etapas. Con él he recorrido cada uno de los kilometrós del camino. Desde Villafranca a Santiago.
Durante el camino en bus, vamos conociendonos y vamos sentando las bases del gran grupo, la gran familia que luego formamos.
Antes de parar en Villafranca del Bierzo, paramos en Ponferrada, allí se nos unen cuatro compañeros más: Jesús, un tio de un metro noventa y tantos… que se me sienta a mi lado, se pone a leer la (NO) guía de Paco Nadal y, sinceramente… me acojona… Me dice algo que ni le entiendo (luego supe que lo que me dijo es que antes nos cruzamos y me había preguntado que dónde estaba el albergue), me limito a sonreir y sigo en mi mundo, Josefína, Alfonso y Marcos, que se integró con nosotros desde el primer segundo, cuando fuimos a acompañar a Mireia a comprarle unas botas, ya que las suyas, que se las habia dado su madre.. se estaban deteriorando.
Y ya a partir de ahí todos saben lo que pasó. Un grupo de desconocidos hasta entonces, se sinceran los unos con los otros, se apoyan los unos en los otros y forman la gran familia que hoy somos. La familia de la SER.
Un Abrazo muy fuerte, Andrés Parrado.
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